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Tú no tienes ningún problema con la comida… aunque aún no lo sabes

  • Foto del escritor: Inma Hernandez
    Inma Hernandez
  • 25 jul
  • 5 min de lectura

Actualizado: hace 7 días


Detrás de la comida, muchas veces hay una historia que merece ser escuchada.
Detrás de la comida, muchas veces hay una historia que merece ser escuchada.

 

Soy nutricionista. Y, durante mucho tiempo, pensé que tenía un problema con la comida.


Sabía lo que tenía que comer. Sabía cómo mantener un peso saludable. Conocía la teoría.


Pero, aun así, sentía que tenía un problema sin resolver.


Durante muchos años llegaba a casa y arrasaba con la nevera.


Tal vez durante todo el día había conseguido "hacerlo bien". Había seguido el plan. Había tenido fuerza de voluntad.


Pero al llegar a casa...


Todos mis esfuerzos se esfumaban.


Y volvía a caer.


Si alguna vez te has sentido así, quiero que sepas una cosa.


No estás sola. Yo también he pasado por ahí.


Durante mucho tiempo pensé que lo que necesitaba era más fuerza de voluntad.


Más control.


Más disciplina.


Creía que, si conseguía dejar de picar entre horas, controlar los antojos o decir que no al chocolate cuando llegaba a casa, por fin tendría una buena relación con la comida.


Pero ocurrió justo lo contrario.


Cuanto más intentaba controlar la comida... más presente estaba en mi vida.


Con el tiempo comprendí algo que cambió por completo mi forma de entender la comida... y también de entenderme a mí.


Intentamos controlar lo que comemos.


Eliminamos alimentos.


Buscamos la dieta perfecta.


Nos prometemos que "el lunes empiezo".


Pero... ¿y si el problema no estuviera realmente ahí?


Existen dos formas de mirar la comida.


La comida como problema


Si la comida es el problema...


  • Hay que controlarla.

  • Hay que resistirse.

  • Hay que eliminar ciertos alimentos.

  • Hay que tener más fuerza de voluntad.

  • Hay que aprender a decir "no".


Todo gira alrededor de la comida.


Y cada vez que "fallas", sientes que has vuelto a empezar desde cero.


Y la culpa aparece una vez más.


La comida como mensaje


Pero ¿y si la comida no fuera el problema, sino un mensaje?


Entonces las preguntas cambian.


En lugar de preguntarte:


¿Cómo dejo de comer así?


Empiezas a preguntarte:


  • ¿Qué intenta decirme mi cuerpo?

  • ¿Qué necesidad está expresando?

  • ¿Qué estoy intentando calmar cuando como?

  • ¿Qué está ocurriendo en mi vida cuando aparece esa necesidad?

  • ¿Qué estoy intentando evitar a través de la comida?


Y cuando las preguntas cambian...


También cambian las respuestas.


Entonces entendí que la comida nunca fue mi enemiga.


De hecho, estaba haciendo todo lo que podía para ayudarme.


Si empiezas a mirar la comida como un mensaje en lugar de como un problema, aparece una pregunta inevitable.


¿Qué está intentando gestionar realmente la comida?


La respuesta no es la misma para todo el mundo.


A veces intenta regular emociones que no sabemos expresar.


Otras veces trata de aliviar el estrés o la ansiedad.


Puede convertirse en una forma de sentir que tenemos el control cuando en realidad todo se tambalea.


También puede intentar llenar un vacío, calmar la soledad o compensar años de culpa y restricciones.


Pero detrás de todo eso suele haber una historia.


Quizá un trabajo que ya no soportas.


Una relación que dejó de hacerte bien.


Una pérdida que todavía duele.


Una infancia en la que aprendiste a callar lo que sentías.


O una vida que no se parece a la que imaginas.


La realidad es que muchas veces la comida no es el verdadero problema.


Es simplemente la parte de la historia que sí se ve.


Y mientras toda la atención está puesta en la comida...


No hace falta mirar todo lo demás.


Quizá por eso llevamos tanto tiempo intentando resolver el problema equivocado.


Si te has sentido identificada con alguna de estas situaciones, quiero hacerte una pregunta.


¿Qué pasaría si, por un momento, dejaras de luchar contra la comida... y empezaras a preguntarte de qué te está intentando proteger?


Entonces…


Si la comida no es el verdadero problema... ¿Por qué recurrimos a ella?


Porque la comida calma.

 

Aunque solo sea durante unos minutos.


Puede distraerte de lo que sientes.


Regalarte un momento de placer cuando hace tiempo que no lo encuentras en otros lugares.


Aliviar una emoción incómoda.


O convertirse en un refugio en medio del caos.


 Y nuestro cerebro aprende muy rápido aquello que le proporciona alivio.


Y aquí es donde todo empieza a tener sentido.


La comida no aparece por casualidad.


Fue una estrategia que un día te ayudó.


Pero, con el tiempo, dejó de resolver el problema...


y empezó a empeorarlo.


Poco a poco, sin darte cuenta, entras en un círculo del que resulta muy difícil salir.


El ciclo del problema no resuelto


Hay un malestar.

La comida ofrece un alivio momentáneo.

Aparece la culpa.

El problema sigue ahí.

Y el ciclo vuelve a empezar.


Por eso el problema no es que comas.


El problema es que aquello que necesitas atender sigue esperando.


Durante años creí que mi batalla era contra la comida.


Hoy sé que no era así.


Comprenderlo cambió por completo mi forma de relacionarme con la comida.


 Pero, sobre todo...


Cambió mi forma de relacionarme conmigo misma.


Y quizá mi historia no sea tan distinta de la tuya.


Quizá tú también llevas años intentando controlar la comida.


Contando calorías.


Empezando una dieta cada lunes.


O prometiéndote que esta vez será diferente.


La próxima vez que sientas la necesidad de refugiarte en la comida, en lugar de preguntarte:


«¿Por qué no soy capaz de controlarme?»


Prueba a hacerte otra pregunta:


«¿Qué está intentando decirme esta necesidad que todavía no he aprendido a escuchar?»


Porque, a veces, una sola pregunta puede cambiar por completo la respuesta que llevas años buscando.


Quizá llevas años intentando controlar la comida, cuando lo que realmente necesita ser escuchado no es la comida.


Eres tú.

 



Mi forma de acompañar este proceso


Como nutricionista integrativa, no trabajo únicamente con la alimentación.


Trabajo con personas.


Y eso significa mirar mucho más allá de lo que hay en el plato. Significa comprender qué está viviendo esa persona, qué necesita y qué puede estar influyendo en la forma en que come y se relaciona con su salud.


Por eso mi acompañamiento tiene una mirada integrativa, que considera a la persona en su conjunto: cuerpo . mente . emociones . identidad . valores . contexto . estilo de vida.


Porque cambiar la alimentación es una parte importante del proceso.


Pero comprender a la persona que hay detrás de esa alimentación es lo que hace posible un cambio real y sostenible.


Comprender lo que hay detrás de la comida no sucede de un día para otro. Es un proceso que requiere tiempo, curiosidad y un espacio seguro desde el que empezar a mirarse de otra manera.

 


Si te has sentido identificada con este artículo...


Me encantará conocer tu historia y descubrir si puedo ayudarte.





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